El niño enfermo

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El niño enfermo (1886)
El niño enfermo es un oleo sobre tela pintado por Arturo Michelena en 1886. En esta obra, Michelena, recrea con extraordinaria exactitud las características de una afección aguda en esencia y el perfil psicológico de los sujetos que se enfrentan a ella.

La escena transcurre en la habitación de una casa de clase media en cuya cama cuidadosamente vestida, yace un niño entre 8 y 10 años de edad, con un cuadro de fiebre alta probablemente precedida de escalofríos, ya que permanece quieto en su lecho protegido por una cobija y arropado por una gruesa manta en un ambiente en el que la temperatura debe ser cálida, pues por la ventana cuya cortina ha sido cuidadosamente recogida penetran los rayos del sol, iluminando la estancia y produciendo un juego de luces y sombras sobre las almohadas que soportan su cabeza.

Sus pómulos están enrojecidos por la vasodilatación producida por su estado febril y la compresa húmeda que su madre ha colocado sobre su frente. La enfermedad que lo afecta es aguda en naturaleza, no ha comprometido el estado nutritivo de este niño en esencia eutrófico, bien desarrollado, cuya infancia ha transcurrido en un hogar con recursos económicos aceptables como lo traducen las condiciones físicas y el vestuario de los familiares que lo acompañan y en particular, la imagen de su hermana de mejillas regordetas, buen desarrollo pondo-estatural para sus aproximados 5 a 6 años, de pelo brillante, abundante, quien mira con recelo al médico. La afección lo hace permanecer en el lecho, quizás por afección viral de ligera intensidad ya que su madre no ha dispuesto ningún envase para la recolección de vómitos. Además, el ambiente físico de su habitación permanece completamente limpio.

La madre sigue con atención las indicaciones del médico, en su rostro hay preocupación mas no desesperanza. Michelena se ha cuidado de colocarla en primer plano para resaltar la importancia en la protección del menor, mientras que el padre se asoma tímidamente en el área obscura de la habitación, como una figura menos relevante. Está impecablemente vestido y menos preocupado que su mujer, confiado en la prescripción del doctor.

El médico, de pelo y barba encanecida, tiene un rostro sereno. En su mano derecha sostiene un pequeño empaque que probablemente contiene uno de los medicamentos que ha indicado, mientras que en la mesa reposa un frasco con algún jarabe que ya el pequeño enfermo ha tomado y una taza que contuvo alguna infusión caliente que seguramente le aplicó su madre.

En la escena no hay dramatismo, no hay desesperanza; al contrario el ambiente general es sereno, luminoso y en el aire está la certeza que luego de unos días de preocupación, el niño sanará.

En comparación, "El violinista enfermo", un cuadro similar de Cristóbal Rojas, refleja todo lo contrario a pesar de estar compuesto de la misma manera.

Fuente[editar]